lunes, 21 de enero de 2013

Reflexiones de una jaqueca



Me quedé pensando.....buscando ese lugar maravilloso donde quería estar. Mi mente organizaba lugares con un orden ilógico. Parecía una máquina tragaperra buscando el premio, pasando paisajes de ensueño, muchos de ellos desconocidos en mi vida, lugares en los que nunca estuve y nunca estaré. Podía ver en mi interior las imágenes de colores, percibir los olores, sentir el viento, el calor, el agua.....Todo se mezclaba agitado por mi pensamiento. 
Difícil elegir el lugar correcto para quedarme. 
Cierro los ojos, concentrándome en hallar mi lugar perfecto. Las imágenes se baten en lucha, unas con otras, queriendo un lugar preferente en este viaje. Las nubes ocultan la montaña. La montaña oculta el mar.  El mar erige una gran ola de magnífica belleza y se traga a la montaña. Todas ellas luchando por quedarse en mi mente. 
No puedo decidirme, me cuesta dejar quieto  mi pensamiento. Un leve dolor de cabeza acecha por la izquierda. Punzadas en las sienes me obligan a parar de pensar, necesito relajarme.
Busco ahora la forma de relax que me conforme y mantenga a raya el dolor que se avecina. Mi cerebro, curtido en batallas parecidas, detiene esta vorágine sin orden ni control, atrayendo pensamientos placenteros.
 Me devuelve el pensamiento a mi infancia y puedo ver una niña corriendo en la playa. Hay una cometa al viento que sube y baja con dificultad, su dueño no ha equilibrado las cañas y el papel de seda, el viento la ayuda con sus ráfagas y,  el niño que la lleva, sonríe. Mas lejano al niño, un padre orgulloso lo contempla. Lleva entre sus manos restos de grumos de harina y agua, cañas y papel, astillas en sus dedos. 
Al otro lado de las vías del tren, una casa.  En la ventana se divisa una mujer joven que sonríe, acompañada de su madre. La madre de la joven, perdió hace tiempo su belleza y cubre su cabeza con un negro pañuelo. Sonríe y llora. Su llanto mezcla la alegría de ver a su  nieto jugar, con la tristeza del final del verano que se acerca. La joven, disfruta de su familia sin pensar en futuro.
Mi cerebro ha disminuido las punzadas de dolor, relajando mi mente. Un segundo de sosiego me consuela.
De nuevo, como fustigada con un látigo de mil púas, vuelven los martillazos en mis sienes. Un pensamiento se ha cruzado en la playa, ha derribado la comenta y sentado en las dunas, sonríe satisfecho contemplando la escena.
Controlo mi respiración. Mi corazón se ha desbocado. Los latidos bailan juntos, el baile de martirio de mi cabeza.
Vuelvo a  relajar mi mente para apartar también, las náuseas que luchan por aparecer.
Veo una mujer sentada en la arena. Su cara mira el sol con los ojos cerrados.A su lado,el hombre de las dunas la contempla, observando su boca pequeña, su nariz torcida, sus ojos dormidos. Ella siente amor, lo delata la sonrisa placentera y relajada que dibuja su boca, un amor adolescente que permite hacer locuras. Sueña con la cometa de antaño, viendo a su hermano como la vuela. Puede ver a su madre en la ventana de la casa, llena de felicidad al contemplarlos, a su abuela con lágrimas en los ojos y a su padre, con sus manos manchadas de grumos de harina y agua, cañas y papel, astillas en sus dedos .


Por Asunn Vico


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